Librería El Día: donde la tradición y la literatura se encuentran en la frontera
- Redacción El Empresarial Regional
- hace 6 días
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Hay lugares que van más allá de su función y se convierten en parte del alma de una ciudad. En Tijuana, ese lugar tiene nombre propio: Librería El Día. Ubicada hoy en el boulevard Sánchez Taboada, en la Zona Río, esta librería no es simplemente un comercio de libros — es una institución, un testimonio vivo de que incluso en la ciudad más fronteriza de México, la cultura siempre encontró su trinchera.
Un exiliado, una ciudad, una idea
Todo comenzó con Alfonso López Camacho, nacido en 1908 en Lucainena de las Torres, un pueblo minero del sur de España. Desde joven se trasladó a Barcelona, donde se integró a la vida política y cultural de los años treinta, militando primero en los círculos anarquistas y luego en el partido comunista, participando en el frente republicano

durante la Guerra Civil. 
La derrota lo llevó a los campos de concentración de Francia y al exilio en Santo Domingo, hasta que en 1945 llegó a México. En 1952 se trasladó a Tijuana para colaborar con la empresa vitivinícola de Don Luis Cetto.  Un español roto por la historia, reconstruyéndose en la frontera del norte de México.
En 1963, casi por accidente, nació la Librería El Día — tomando prestado el nombre de un periódico capitalino cuyo perfil ideológico coincidía con su visión. Don Alfonso, ex seminarista, republicano e intelectual de izquierda, la abrió con el firme deseo de influir en la transformación política y cultural de su entorno. 
Más que una librería: un santuario
El escritor Daniel Salinas Basave lo dijo mejor que nadie: “El Día de la calle Sexta no era cualquier librería; era la librería. La primera en la historia de Tijuana que aspiró a algo más que simplemente ser una papelería con venta de libros de texto y ocasionales best sellers. Con su aire de santuario republicano español, El Día asumió su papel de cuartel contestatario, tierra fértil de rebelión y cuestionamiento permanente.” 
Don Alfonso trajo a Tijuana editoriales como Siglo XXI, Joaquín Mortiz, Seix Barral, el Fondo de Cultura Económica y la UNAM — y también las editoriales soviéticas Mir y Progreso, y la editorial china Gouzi Zhudian.  En plena Guerra Fría, en una ciudad fronteriza, un librero español estaba construyendo el mapa intelectual de toda una región.
Tan improbable como suena, había quienes viajaban especialmente a Tijuana para conseguir textos que difícilmente encontrarían en otras partes del norte de México o incluso en Estados Unidos. Estudiantes de UCLA y Berkeley cruzaban la frontera en busca de un Diario del Che o un libro de Marcuse que no podían encontrar en su propio país. 
La familia que siguió el legado
En mayo de 1968, el hijo de Don Alfonso, Vladimiro Alfonso López, hizo el viaje de Barcelona a Tijuana para unirse al proyecto. Su llegada revolucionaría la de por sí revolucionaria librería. 
En la década de los ochenta llegó la expansión: se abrió la sucursal de la Zona Río, en un local construido específicamente para albergar la librería y con capacidad para ser sede de presentaciones y actos culturales. Por ese espacio desfilaron Carlos Monsiváis, Federico Campbell, Paco Ignacio Taibo II, Luis Humberto Crosthwaite y Luis Villoro, entre muchos otros. 
En 1980, Don Alfonso impulsó a través de la Unión de Libreros la primera Feria del Libro de Tijuana, que con los años se consolidaría como uno de los festivales culturales más importantes de la ciudad. 
Un premio, una tercera generación
En 2004, la Asociación Mexicana del Libro otorgó a Librería El Día el premio AMOXHUA HUEHUETZIN, con el que se reconoce anualmente la trayectoria histórica y el mérito profesional de una librería en el país.  Pocas distinciones más merecidas en la historia del libro en México.
Hoy, la librería es administrada por la tercera generación de la familia: el nieto de Don Alfonso, continuando más de sesenta años de dedicación a la difusión del libro como instrumento de cultura y conocimiento. 
Librería El Día es, en ese sentido profundo, el espejo de Tijuana misma: una ciudad construida por migrantes y exiliados, por gente que llegó de lejos cargando sus sueños y sus ideas. Que entre tantas cantinas y cruces de fronteras, haya existido siempre un lugar donde la literatura encontró su hogar, dice mucho de lo que esta ciudad es en realidad — y de lo que puede seguir siendo.
Encuéntrala en Blvd. Sánchez Taboada 10050-A, Zona Río, Tijuana.



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